Cuando la piel se comunica*
Si la pasión, si la locura no pasaran alguna vez por las almas… ¿Qué valdría la vida?
Jacinto Benavente
Hablar de erotismo es una invitación, una tentación, un llamado a explorar. Nuestro cuerpo funciona a merced de
erótica de distintas maneras; responde a diferentes estímulos (recordemos a los guerreros Masai africanos y su gusto por las mujeres de largos cuellos; la cultura Norteamérica de posguerra y sus
pin up girls; los grabados orientales en los que aparecen figuras humanas con grandes órganos sexuales enalteciendo la fertilidad y la sexualidad
perse). Los patrones estéticos varían radicalmente entre una cultura y otra, entre una época y otra; no es difícil entender que existan también variaciones radicales entre un individuo y otro. Cada uno de nosotros llevamos nuestra propia
erotología; un mapa de estímulos y respuestas tan singular como una huella dactilar. El erotismo es lectura.
El sexo en sí, por sí mismo, es una forma de comunicación que no se da en ningún otro orden de la vida, el acercamiento a la otredad, al contiguo, al cómplice se produce de una única manera en la relación erótica. La piel como primer frontera pierde su zona liminal. Es transgredida y en esta trasgresión somos a través del otro. Somos el otro. La piel se comunica; el acto erótico es una ventana (al otro ser y a nosotros mismos). Es el espejo.
Es tarea personal hacer el
cross over de la piel, explorar las distintas perspectivas y los múltiples puntos de fuga que implica leer y escribir el cuerpo.
“...la libertad no sirve si no se vive al borde los límites donde toda comprensión se desintegra”
George Bataille
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Hilado por abril
Aquí venimos a escribir lo que Afuera escribimos de otras maneras.
Las Mujeres Caballero